Paradoja
Por: Olga Leticia Orizaga Cárdenas
Sentado en el asiento de la carreta, Milton estaba hundido en el nerviosismo. Sus manos sudaron copiosamente hasta humedecer parte del pantalón donde las descansaba. Sentía que su corazón palpitaba de prisa, sentía que en cualquier momento iba a estallar debido a la situación por la que pasaba. Hizo todo lo posible para controlarse y no mostrar algún indicio que pudiera delatarlo, pero la sensación de hormigueo al recorrer todo su cuerpo lo volvía loco. Ajenos al sentimiento del muchacho se encontraban en el asiento de enfrente su padre y su madrastra.
Fingiendo estar dormida, Obdulia permanecía al lado de Milton. La madre ondeaba el abanico echando oleadas de aire a su hija para evitarle la sofocación, mientras el padre miraba el paisaje. Dejaron atrás los linderos de sus terrenos.Esos que tenía a la vista, que en un tiempo fueron de su propiedad, no los recorría en mucho tiempo. Extasiado veía los cambios en ellos. El muchacho pasaba de un sentimiento a otro. Aprovechó el movimiento brusco de la carreta para rozar disimuladamente con su pierna la de Obdulia. A ella pareció no molestarle, por el contrario, jugueteó a alejarse un poco, para después volver al roce. Disfrutando del agradable sabor de la caricia, así como de la turbación de Milton al notar su respiración paralizada. El motivo de su viaje era ir al rancho vecino para llevar a cabo un propósito en particular. Siguiendo sus costumbres habían comprometido a Obdulia en matrimonio.
Los padres aceptaron la primera visita formal a la casa de su actual prometido, porque era tiempo de que la pareja se conociera.Las dos familias convivirían durante varios días y después de haber demostrado ambos candidatos ser aptos para el matrimonio, sellarían el compromiso. Acordando después la fecha del evento, el lugar en el que se celebraría la boda y el nuevo domicilio para los recién casados.
Por su parte, Mercedes estaba convencida de que su hija haría un buen papel en la casa ajena, pues se dedicó a enseñarle las labores necesarias del hogar. Era visto que sabría llevar las actividades a la perfección, para que el marido no tuviera queja alguna.
Milton era hijo de Sebastián y Rosalba. No tuvo la fortuna de conocer a su madre porque murió al tiempo de dar a luz. Su padre aceptó pasar los dos años reglamentarios de viudez antes de pensar en un nuevo compromiso. Sebastián contrajo matrimonio con Mercedes y procrearon a Obdulia, su media hermana. Desde que tuvo uso de razón Milton sufrió las humillaciones de su madrastra. Lo trataba de manera despectiva todo el tiempo, quizá porque ella no pudo tener un hijo varón o por celos. La verdad nunca la entendió, él solo era un niño inocente. A pesar de esforzarse la mujer en mantener separados a los hermanos, ellos buscaban cualquier ocasión para estar juntos. Lo hacían a escondidas. Les gustaba jugar en los corrales, lejos de las miradas de sus progenitores. Mercedes no tenía intención de reconocer su parentesco. Si llegaban las visitas lo mandaba a encerrar a su habitación, igual le imponía tareas para no llevarlo a los compromisos sociales. Quería que solo consideraran a su hija como la única descendiente del esposo.
Era un muchacho obediente, por lo que no tuvo problemas para hacer las tareas que el padre le encomendaba. Le gustaba que lo acompañara a todos lados para enseñarle a trabajar. Salían de la casa desde el canto del gallo y no regresaban hasta ocultarse el sol. La primaria la cursó sin contratiempo, pero al terminar la secundaria sintió que elmundo se le venía encima, por una conversación que escuchó entre los adultos. Su corazón se llenó de tristeza.
—¡Debes mandarlo a estudiar a la capital! –discutía acalorada la madrastra– ¡Lo tienes pegado a tus pantalones! ¡Cuándo va a madurar!
—Para dedicarse a las labores del campo no necesita ningún estudio, mujer.–aseguró Sebastián.—Aquí no hay otro entretenimiento más que tirarse al vicio. Será otro alcohólico del pueblo.
—No le veo el beneficio, nos va a hacer falta. Aquí por lo menos me ayuda a cuidarel ganado. Si se va tendré que contratar a otra persona.
—¡Pues que se vaya a aprender, aunque sea a curar vacas, porque seguido se mueren!
—Esa idea me gusta. Puede estudiar para veterinario, así vendrá a ocuparse aquí en el rancho. No tendrá necesidad de buscar trabajo en otro lugar .—Quien te viene a decir que al regresar tenga la oportunidad de poner su consultorio y su farmacia en el pueblo. Se independizará para hacer su vida en otro lugar.
—Aún no empieza sus estudios y ya resolviste su vida. Al proponérselo a Milton este se negó, diciendo que el estudio no se le daba. Aún con todos sus problemas no deseaba separarse de la familia. Puso muchas excusas, pero no logró disuadir al padre.
—¿Cuándo ha visto que un cuidador de vacas estudie, papá? Yo puedo comenzar a trabajar desde ahorita aquí en el rancho.
—Mira hijo, si te preparas puedes tener una mejor vida. Con una carrera vas a tenermás ingresos, hasta te harías rico.
—Me puedo hacer rico vendiendo leche y quesos.Sebastián soltó la carcajada por las ocurrencias de su hijo. Aunque el muchacho no andaba errado, era bueno para el negocio. Podía valerse por sí mismo a esa edad. Pero también pensó en Mercedes, no iba a exponerse a que le hiciera un tremendo berrinche. Escucharía sus reclamos de por vida.
—Ya lo discutimos tu madre y yo. Te irás a estudiar a la capital.
Fueron varios años en los que se dedicó de lleno al estudio, pero ni los amigos ni las novias eventuales, lograron llenar el vacío tan grande por estar separado de la familia. Durante las vacaciones le era permitido ir a su casa. La primera vez que fue se encontró sin su habitación, pues Mercedes la utilizó para cuarto de cachivaches. No le importó dormir en un tendido en la sala, solo deseaba permanecer tranquilo en ese lugar. Para disgusto de la madrastra, el padre y la hermana le hacían compañía al caer la noche, porque se enfrascaban en verdaderas pláticas.



