Los juegos de la fertilidad
Por: Andrés García Viesca
¡Bienvenidos a la Escuela de espermatozoides! Aquí aprenderán el arte de la carrera más alocada: ¡la carrera hacia el óvulo!
Les enseñaremos a nadar como campeones y a sortear obstáculos al estilo de Super Sperm. Recuerden no flojear: solo uno gana. Y, chicos, quiero advertirles que no todo es color de rosa en este viaje. A veces, al ser expulsados, podrían terminar en una prisión de látex. O ser arrojados al espantoso vacío. Si eso ocurre, digamos que su experiencia será breve y frustrante. Así que deben intuir cuándo dejarse llevar por la corriente y cuándo aferrarse a la congestionada cavidad donde maduraron. No importa cuál haya sido la motivación para salir: una vez en la corriente, no hay poder que los regrese. Si no fueron engañados y supieron escoger el espasmo correcto, comenzará la competencia más intensa de sus vidas. Al llegar al húmedo y cálido túnel de la gloria, deberán nadar como si su flagelo estuviera en llamas. Solo uno, entre millones, alcanzará el premio ovular. ¡Así que entrenen ese flagelo, pues deberán nadar como si sus vidas dependieran de ello! De hecho, sí dependen; ¡Uno gana, millones mueren!
Por último, queridos espermatozoides, no podemos ignorar los miedos que laten en sus núcleos. Pero, amigos: ¡la vida es una aventura! Nadie dijo que ser un nadador de élite sería fácil. Así que adelante, valientes espermatozoides, ¡y que el mejor deje su legado en ese misterioso óvulo! ¡Que empiecen los juegos de la fertilidad!
Aquí estoy, Pepe el Esperma, listo en el túnel de lanzamiento. ¡Hay movimiento! En pleno zangoloteo, la corriente me toma por sorpresa y soy impulsado con fuerza. Por suerte, no caí en el látex ni en el vacío, sino en una caverna tan confortable que casi olvido mi misión… La competencia en ese resbaladizo pasillo es brutal. ¡Si no fuera tan húmedo, juraría que mi flagelo está en llamas! Hay millones de nosotros nadando con furia. Entonces recuerdo algunas técnicas de la escuela: me aferro a la cola de uno, me engancho en el siguiente. Así recupero terreno sin agotar mi energía. ¡Voy tras el boleto dorado! Después de rebasar a la mayoría, me encuentro en el grupo puntero. Mi cola se agita con cadencia. ¡La línea de meta se acerca! Acelero el batir de mi flagelo, y me invade un extraño placer… Pero frente a mí se abre una encrucijada. Nadie nos dio un mapa para esta locura. ¿Derecha? ¿Izquierda? ¡Derecha! Y mientras nado con desesperación, una idea me alcanza: ¿y si, después de todo este sudoroso esfuerzo, choco con una pared de látex? Ah, el dulce misterio de la vida…Pero alto ahí… ¿qué es eso que diviso a lo lejos?¡Es el óvulo de mis sueños! El punto culminante. El premio mayor. El lugar donde se decide nuestro destino.
Mi flagelo y la vida misma se convierten en un remolino. Nada nos preparapara la emoción de adherirnos a ese óvulo con estilo. Recuerdo lasindicaciones. ¡Ahora o nunca!Soy el primero en llegar. Líbero mis espermiolisinas. Mi cabeza comienza apenetrar. ¡Estoy adherido al óvulo! Y justo cuando pienso que no podríavolverse más loco…¡Zas! ¡Fecundación en acción!Es como ganar la lotería de la existencia.Pero el espectáculo apenas comienza.
La celebración post-fecundación es como entrar en un club exclusivo: una vez que entras, nadie más puede pasar. El óvulo y yo —Pepe el Esperma— nos unimos para crear una nueva vida. Un nuevo comienzo. Y mientras nos fusionamos en este proyecto conjunto, me divido en miles y miles de copias para alcanzar el paraíso y ser parte de la fuerza creativa.
Enfermera: —¡Klara, empuja con fuerza!
Klara:— Aaaaaah, no puedo, dueleee.
Enfermera: —Vas muy bien, un último empujón. Ya veo la cabeza… ¡ya casi!
El llanto del recién nacido rebota en las paredes del hospital.
Enfermera: —Lo tengo. Es un varoncito. Se ve que está muy fuerte. ¿Qué nombre le pondrás?
Klara: — Adolf… Adolf Hitler


