Llega la persona más importante 3

Llega la persona más importante 3

Era evidente para mí que esto podía ser diferente. A los pocos días me
pidió que la acompañara a ver al doctor que iba a hacer el aborto. La
acompañé. Es raro, pero el lugar al que fuimos era oscuro y frío, no sé
si por los nervios o porque simplemente las cosas encuentran su lugar.

La reunión se me hizo interminable, yo no podía creer que estábamos ahí, las
miradas, las palabras que usaban, todo era terrible. Salimos.

— ¡Qué fuerte esta wea!

— Sí terrible, no sé, pero la Vero se acaba de hacer un aborto con ellos
y todo ok, pero no sé.

Rompió en llanto, simplemente era imposible consolarla.

— Tranqui, Janet, podemos resolver esto.

— ¿Pero cómo, weon? Vamos a cagar.

— No amor, sí podemos salir de esta y con nuestro hijo.

— Tengo miedo, ¡abrázame please!

Así nos fuimos en la micro abrazados de vuelta a su casa, sin hablar una
palabra. Paramos en una plaza y nos sentamos.

— Janet, tengamos al niño. Yo me voy a poner las pilas y voy a estudiar,
me va a ir bien.

— Y yo, ¿que hago con una guagua?. ¿Qué va a pasar conmigo?

— Vas a terminar el colegio y luego vas a estudiar, nuestros viejos nos
van a apoyar. Obvio que vamos a pasar tiempos difíciles, pero qué
diablos.

— No sé, Seba, no puedo hacer esto con mi hijo, es imposible para mí, lo
voy a tener.

Ese momento marcó el inicio de la relación más importante de mi vida,
Ahora sentía una calma tensa, pero sentía tener la energía necesaria
para vencer lo que fuera.
Esa misma semana, el domingo a las ocho de la mañana estaba de vuelta en
la casa del tío Carlos, para estudiar y preparar la prueba de selección,
como dando una señal de que sí podía empezar a hacerme cargo de la
situación.

La relación con la Maya terminó abruptamente, yo la quería seguir viendo
pero no me dejó, años más tarde supe que la Janet había amenazado para
que dejara de buscarme. Janet y yo estábamos en veredas muy distintas,
lo lindo es que estaba dispuesta a todo por estar conmigo, las cosas se
habían dado vuelta.

Escondimos el embarazo lo más que pudimos. Recién nos descubrieron
cuando ella tenía seis meses de embarazo. Cuando se supo yo me escondí,
el papá de Janet me quería matar. Finalmente hablaron con mis papás y
arreglaron que nos teníamos que casar. Luego de eso aparecí.

Al mes nos estábamos casando, la ceremonia parecía más un velorio que un
matrimonio, nadie creía que podíamos salir de esta, un par de tíos nos
regalaron algo, pero fue lo mismo que nada, ahora, uno de esos regalos
marcó un fin. El fin más importante de mi vida.

Mi mamá que ya tenía otra pareja, con él pensaron que podían disponer de
ese regalo. Cuando me enteré de lo que habían hecho, les monté un drama,
quizás se me pasó la mano, pero lo mínimo que esperaba yo, era el dinero
a cambio del uso de ese regalo.

El conflicto que armé fue lo suficientemente grande como para que me
echara de la casa ese mismo día. Así que, ese día, me fui de su casa. Al
ordenado y útil que podía ser. Así, la vuelta donde mi madre era
imposible y su mamá, mi abuela, sin saberlo me ayudó de alguna manera a
consolidarlo.

Mi madre se vengó. Salí, fui directo a ver a la Janet, pero con dirección a la casa de mis
Grandpas, ahí podía quedarme en la pieza de mi viejo, ellos estaban
acostumbrados a vivir conmigo. Pasé mucho tiempo ahí criando perros, yo
ya tenía un rol en esa casa.

Lo extraño fue que el papá de Janet me ofreció quedarme en su casa,
oferta que acepté inmediatamente. ¿Qué mejor que estar con la Janet y la
Flo? Ya sabíamos que iba a ser una niña y la Janet le puso como nombre
Florencia, Florencia Smith Wells. Fue divertido, la Flo nos quedó más
gringa que mi papá.

La convivencia en la casa de los papás de la Janet fue mucho más simple
de lo que imaginé, sin duda me ayudó mucho, la educación que me había
dado mi abuela alemana, la mamá de mi mamá. Mis primeros años los pasé
con ella. Viví con ella hasta los diez años, ella se ocupaba de mí, me
pagaba hasta la Deutsche Schule. Tener la disciplina de usar el baño y
dejarlo siempre limpio, saber lavar platos, barrer, levantarse y hacer
la cama, ordenar la ropa, hacer pan, picar verduras, limpiar carne,
arreglar hoyos en la ropa, hacer una basta, lavar la ropa, hasta a tejer
con palillos me había enseñado. Si necesitaban un chaleco, no había
problema en hacerlo.

Nadie en la casa de la abuela era inútil todos tenían un rol y un mínimo
que cumplir y yo sabía hacer bien todas esas cosas. Esa educación
siempre me ayudó.

Compartir con un extraño es complejo pero si aportas y sigues las
reglas, se hace más llevadero. La Janet y su mamá no podían creerlo.

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